Las minificciones son larguísimas y complejas historias que no se ven, que se ocultan arteramente detrás de un puñado de palabras conocidas.
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Explicación Cortita
Lo característico de la minificción o microrrelato, es su capacidad para disparar sugerencias múltiples en la mente del lector. Para ello se vale de la ambigüedad y de modos oblicuos de expresión, como la ironía, que apuntan a que lo que parece ser no sea, o no se sepa con seguridad si es o no es. De ahí que la paradoja y la parodia sean tan frecuentes. También lo es el doble sentido, en cuyo caso se acerca peligrosamente al chiste. En este límite, el trabajo con las palabras es lo que determina la diferencia".
Raúl Brasca.
Raúl Brasca.
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lunes, 30 de junio de 2025
jueves, 18 de junio de 2020
Continuidad
Todo había sido cuidadosamente planeado, pero ahora dudaba.
Efectivamente, los perros no ladraban y la luz encendida le indicaba que él se
encontraba leyendo su novela en el sillón verde del salón principal. Pensó que aún
no habría llegado al capítulo final. Estaba a tiempo. Arrojó lejos el puñal y
se encaminó hacia la puerta. Lo resolverían como caballeros. Después de todo
odiaba las novelas con finales violentos.
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lunes, 4 de junio de 2012
Vendida

Llegamos a la casa con lo puesto. Irene buscó en la alcantarilla donde había tirado la llave y aún estaba allí, enredada entre guijarros y malezas. Haciendo la lástima a un costado, abrimos la puerta y entramos. Todo estaba tal como lo habíamos dejado; hasta el tejido delante de la cancel y el ovillo del otro lado. Eran las once.
Empezamos por la sala y las habitaciones: abrimos ventanas, quitamos polvo, Irene levantó la fuente de fiambres de su cuarto, yo tomé los quince mil pesos de mi armario. Doblamos el codo del pasillo; en la cocina y el baño también limpiamos: embolsamos las estampillas y tejidos viejos junto con las carpetas de macramé. Luego, nos enfrentamos a la puerta de roble que daba al otro lado de la casa. Lo habíamos pensado bien, la abrimos con decisión. Mientras Irene aireaba la sala de gobelinos, yo arremetí contra la biblioteca; toda la literatura francesa de la preguerra fue a parar a las bolsas. Irene siguió con el comedor, yo con los cuartos. Los recuerdos de nuestros bisabuelos, abuelos, nuestros padres y nuestra infancia también fueron embolsados.
Eran las siete cuando terminamos. Ya nos habíamos preparado un par de bolsos con algo de ropa y algunos documentos cuando un sonido sordo e impreciso detrás de la cancel nos alertó de la llegada del comprador.
Buscaba una casa espaciosa y antigua sobre la que pensaba escribir un cuento. Y nosotros, que ya estábamos grandes y cansados de rodar por ahí, no lo dudamos más. Nos entregó el resto del dinero y le dimos la llave.
Ya en la calle, me despedí de Irene con un abrazo. Finalmente, cada uno por su lado.
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jueves, 2 de septiembre de 2010
FIN
Abandonando la duda a la suave brisa que corría a sus espadas, atravesó el hueco en el espejo. Allí miró hacia atrás y vio cómo su casa comenzaba a desintegrarse por el viento, ahora huracanado. Entonces divisó a la joven. Escribía arrebujada en el sofá del extraño salón donde se hallaba. No parecía percatarse de su llegada. Algo familiar en sus gestos la indujo a pensar en algún parentesco. "¿Habré viajado en el tiempo?, ¿Habré muerto y ahora soy un fantasma?". Avanzó con lentitud y se detuvo detrás de la muchacha. Apenas alcanzó a leer las últimas palabras escritas en azul: "... la casa, finalmente fue arrasada por el huracán y de su dueña jamás se volvió a saber". FIN.
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