
El leopardo vio al pájaro azul y pensó que sería un buen bocado para sus crías. El gato negro, en cambio, pensó que sería ideal para su cena. Ninguno de los felinos se extrañó por que el ave no huyera mientras se abalanzaban sobre él. A una distancia prudencial, un audaz aficionado tomaba la mejor fotografía sobre improvisación animal. Estaba entre las últimas de una veintena que se encontraron en la abandonada cámara digital.
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