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Explicación Cortita

Lo característico de la minificción o microrrelato, es su capacidad para disparar sugerencias múltiples en la mente del lector. Para ello se vale de la ambigüedad y de modos oblicuos de expresión, como la ironía, que apuntan a que lo que parece ser no sea, o no se sepa con seguridad si es o no es. De ahí que la paradoja y la parodia sean tan frecuentes. También lo es el doble sentido, en cuyo caso se acerca peligrosamente al chiste. En este límite, el trabajo con las palabras es lo que determina la diferencia".

Raúl Brasca.
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sábado, 23 de octubre de 2010

Trabajo Temporario

Llevaba horas en la misma posición, sentado en una reposera, mirando a la maniquí que lucía un traje de baño de diseñador. Al mediodía concluyó que estaba loco por haber aceptado ese trabajo. Estaba por levantarse cuando la muñeca le guiñó un ojo. Atónito, pensó que la inmovilidad lo estaba enloqueciendo: “No te vayas lindo, estoy muy sola aquí”.
- Pero… ¿sos real?
- Tanto como vos. Cuando se vayan todos, verás cuán real soy.
Una nueva emoción se había apoderado de él. Permaneció inmóvil lo que quedaba de tarde absorto en los ojos femeninos, atento a cada gesto de su boca, cada latido en su pecho. Admiraba su actuación. A la mañana siguiente la vendedora tuvo que denunciar un extraño robo: el dinero de la caja chica, la maniquí del costoso traje de baño y toda la ropa del maniquí que encadenaron a la vidriera con reposera y todo.

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viernes, 16 de octubre de 2009

La otra cara del Prêt-à-porter


Gracias Víctor por prestarme tu idea
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Las persianas bajaban a las nueve de la noche, ocultando el interior de las curiosas miradas callejeras. Entonces, cuando se quedaba sola en la tienda tras una interminable jornada laboral, se desvestía -falda, blusa, zapatos y bolso prestados- y se enfundaba en el uniforme de supervisora, paseándose por los vestidores, revisando planillas, controlando escaparates aquí y allá, soñando con una vida real, en libertad. Al amanecer, radiante de alegría, volvía a vestirse con la ropa que se había sacado y se ubicaba en la vidriera, adoptando la rígida postura forzada de cada día, esperando que las persianas volvieran a subir.

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