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Explicación Cortita

Lo característico de la minificción o microrrelato, es su capacidad para disparar sugerencias múltiples en la mente del lector. Para ello se vale de la ambigüedad y de modos oblicuos de expresión, como la ironía, que apuntan a que lo que parece ser no sea, o no se sepa con seguridad si es o no es. De ahí que la paradoja y la parodia sean tan frecuentes. También lo es el doble sentido, en cuyo caso se acerca peligrosamente al chiste. En este límite, el trabajo con las palabras es lo que determina la diferencia".

Raúl Brasca.
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martes, 20 de marzo de 2012

El nuevo mundo

Aquel día de la gran explosión un centenar de familias trabajábamos en La Máquina, bajo tierra. Todo indicaba que estábamos en el camino correcto, que poco faltaba para que encontráramos la clave que haría nacer al hombre nuevo.
Nunca supimos exactamente qué sucedió. Sólo sentimos una onda expansiva, como una fuerza extraordinaria que nos hacía volar y desvanecía las cosas materiales. Todo desapareció, hasta la máquina. Cuando nos recuperamos, no sabíamos dónde nos encontrábamos, estábamos rodeados de un espacio blanco y faltaba la mitad de la gente. Una niña dijo “Mami, quiero hacer pis”; su madre volteó buscando un baño y éste se creó a sus espaldas, tal como lo estaba pensando.
Nos llevó un buen rato comprender qué sucedía: nuestra mente creaba las cosas que necesitábamos. Algunos, incapaces de procesar la novedad, pensaron que morirían y efectivamente se murieron. Sólo quedamos quienes estábamos mejor preparados mentalmente. Y los niños.
Fue fácil organizarnos. La niña que quería hacer pis, creó una cama para continuar durmiendo y en un rato ya todos convivíamos en un gran salón con pequeñas casas en su interior. Pronto formamos la Comisión de Planificación del Nuevo Mundo. Esta vez tendríamos que hacerlo mejor.
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lunes, 30 de enero de 2012

Perdida

Ilustración de Ángeles Charlyne
En las noches muy calurosas, suelo dejar mi cuerpo prolijamente extendido sobre la cama y me escapo, en vuelo onírico, a un lugar más fresco. Pero anoche me perdí. 
Entraba en una casa, a la sombra de un gran tilo, cuando de pronto tuve una sensación de dejá vú, de estar rememorando un sueño ya soñado. Podía anticipar lo que sucedería a cada instante y pronto se convirtió en un sueño aburrido. Tuve conciencia de estar soñando un sueño viejo y decidí intervenir para cambiarle el final.
Busqué mi reflejo en el agua azul de aquella piscina pero me encontré con tu rostro, también sorprendido de encontrarme allí. Y desde entonces estamos intercambiando miradas, sonrisas y gestos conocidos y no me quiero ir. Sé que tengo que despertarme pero no quiero.
En el borde de la piscina escribo esta historia para no olvidarla, con tus ojos salpicándome la cara y tus manos soplándome los pies, antes de perderme para siempre.
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lunes, 3 de octubre de 2011

Agreste

Ilustración de Adriana Lucas
Mientras dormitaba un poco, antes de almorzar, el dolor sordo en mi oído me recordó a Van Gogh. Pensé en los amarillos verdeazulados de sus obras y su estilo inconfundible. Lo busqué con la mirada en el libro postimpresionista que duerme en mi biblioteca.
De pronto, de un salto, fue a sentarse junto a la ventana donde aguardaba el atril con el lienzo en blanco. A una velocidad asombrosa mezcló algunos colores en su paleta y comenzó a pintar frenéticamente.
- Tengo que apurarme, solo tengo cinco minutos antes de que se note el cambio de la luz ¿Me hablaba a mí? – El paisaje agreste de esta comarca nunca volverá a ser el mismo y yo tengo que conservarlo, para cuando lleguen mis días sin sol – Yo lo observaba de espaldas, movía incansablemente las manos. Cuando tuve la certeza de estar soñando, dio media vuelta y sus ojos azules, profundísimos, buscaron mi aprobación - ¡¿Por favor?Ya estaba por contestarle cuando una mujer irrumpió en la habitación:
- Cinco minutos para almorzar Anita… pero… ¡pero mira que cuadro más bonito has pintado! ¿Qué es, el jardín de tu casa?
- C’est Arlés, madame!
- Ah, claro, sí. Bueno, déjalo allí y cuando vengan tus nietos les pides que te lo cuelguen, así alegras un poco estas paredes. Ahora apúrate que ya están todos en el comedor.
Ya sé que no puedo explicarles nada. Me tomarían por loca.

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viernes, 16 de septiembre de 2011

Pájaros en la cabeza

Ilustración de Adriana Lucas
Hace poco comencé a tener una sensación extraña, una suerte de no estar en este momento y lugar. Como de una estática distinta en el aire. A la vez, una necesidad de encontrar respuestas en lo sobrenatural, en lo desconocido. Me sentía fuertemente atraída por lo cerebral, las energías, las percepciones, los mundos paralelos y la mecánica cuántica. Desde entonces he visto videos, documentales, películas y series que trataban estos temas. La inversión de los polos, el tercer ojo, la electricidad cerebral, los agujeros de gusano, los sueños, las profecías apocalípticas, el lecho marino, la migración de las aves. Estaba al borde de la locura por la imposibilidad de evitar la inminente catástrofe cuando comenzó el dolor.
Primero fue en el pecho. Subió por los hombros, el cuello, la mandíbula y se instaló en los oídos. Iba, en recorrido sordo por mi dentadura hasta el otro oído y volvía, en latidos constantes, a través de las sienes. En lugar de suicidarme, fui a la guardia.
Luego de una breve revisión y un par de radiografías, concluyeron que tenían que operarme:
- Así te sacamos todos los pájaros que tenés en la cabeza – dijo un médico algo burlón. Hicieron el nido en la muela de juicio que todavía no salió y está inflamando el trigémino. Quedate tranquila que en una hora estás afuera.
Fueron dos horas, ayer por la tarde. Aún tengo la cara hinchada y algunos pájaros revoloteándome en la frente. En cuanto se aquieten, comenzaré a contarles algunas cosas que me dijeron.
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viernes, 7 de enero de 2011

Cuestión de Tiempo



"Sentía que necesitaba más tiempo. Ese fin de año desafió las leyes naturales y a la hora del brindis, en lugar de tomar las doce pastillas, una con cada campanada, duplicó la cantidad y las tomó juntas con una buena copa de extra brut. Un leve rictus de decepción se dibujó en sus labios mientras saludaba a sus compañeros de brindis, quienes expresaban los mismos deseos de buena vida de siempre. Nada estaba cambiando. Se acomodó en un sillón, copa en mano y meditó sobre la falibilidad de las leyes naturales. Sospechaba que esas pastillas no contenían un mes, ni había que tomarlas, forzosamente, una por una al principio de cada año. Pensó que no eran más que un ardid de su inventor para ganar dinero. Él tendría que seguir corriendo para poder hacerlo todo y acabaría tan agotado como se sentía entonces.
Oyó que lo llamaban desde lejos. Quiso abrir los ojos pero sus pestañas le pesaban como barrotes. Sintió que le quemaba la mano que acababa de romper la copa. Un vértigo insoportable se apoderó de él. Su mente apenas reconocía palabras sueltas. Sobredosis. Tiempo. Estrés. Locura. Alcohol. Inconsciente. Emergencia. Shock. Coma.
Luego nada. Todo había desaparecido. Solo pudo rescatarse lo que quedó grabado en el chip negro con el código holográfico que todos llevamos en el occipucio y que, por suerte, el líder se apresuró a desprenderle en el minuto final.”
Sobre la historia de Jacques se escribió “El empleo del tiempo” que usted acaba de adquirir.
Le recordamos que, para una mejor visión estereográfica, la obra hologramada debe escanearse mediante su retina izquierda, a un nanomilímetro por segundo.
Su compra ayuda a mejorar la especie. Precio de tapa: doce días, tres horas y cuarenta minutos.
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