Páginas

Explicación Cortita

Lo característico de la minificción o microrrelato, es su capacidad para disparar sugerencias múltiples en la mente del lector. Para ello se vale de la ambigüedad y de modos oblicuos de expresión, como la ironía, que apuntan a que lo que parece ser no sea, o no se sepa con seguridad si es o no es. De ahí que la paradoja y la parodia sean tan frecuentes. También lo es el doble sentido, en cuyo caso se acerca peligrosamente al chiste. En este límite, el trabajo con las palabras es lo que determina la diferencia".

Raúl Brasca.
Mostrando entradas con la etiqueta realismo mágico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta realismo mágico. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de octubre de 2010

Ana de los Gatos


Ana de los Gatos. Así la llamaban en el barrio. Así la conocieron en todo el mundo. Nieta e hija de veterinarios, ella no necesitaba serlo para proteger a los animales más que a su propia vida. El día de su entierro, detrás de las únicas dos vecinas que acompañaban el féretro, se formó una larguísima fila de animales de las más diversas especies, pero sobre todo, gatos. Numerosas familias de gatos se sumaban a la caravana a cada paso. Los abuelos aún recuerdan los maullidos lastimeros que enloquecieron a la ciudad durante la media hora que duró el entierro. Hubo madres que salían a la calle desesperadas, temiendo que algo catastrófico estuviera provocando esos llantos de criaturas. Cuando todo acabó, una tristeza inmensa invadió la ciudad. En medio de un nuevo silencio, notaron que no había animales en ningún lado. Ni hormigas trabajando, ni pájaros volando, ni perros ladrando. Tan insoportable era esa tristeza que uno a uno, todos los habitantes de la ciudad, se dieron cita en el cementerio, donde los animales velaban la tumba de Ana. Cuando el último de los ancianos presentó sus respetos frente a la lápida, los animales retornaron a sus vidas, marcando para siempre en el calendario local el día en que Ana de los Gatos murió.


.


sábado, 14 de agosto de 2010

Bioma

Dos millones de piedras planas llovieron el último día sobre el pueblo. El sol que disolvió las últimas nubes, comenzó a calentar las piedras negras, haciendo hervir el barro que tapaban. La primavera comenzó a brotar. La vegetación se hacía cada vez más exuberante sobre aquel lugar signado por las tragedias. Sus habitantes, con la alegría recién recobrada, volvían a sentirse intranquilos con el avance inexorable del verde sobre el negro. Un verde que iba tomándolo todo; paredes, techos, postes, hasta los cables del precario tendido eléctrico quedaron ocultos por el vergel, que aceleraba su crecimiento si alguna raíz, un tallo, una hoja siquiera era cortada. Comenzó la emigración de los pobladores que, en caravana, iban en busca de otro lugar donde vivir.
Ya se había marchado el último hombre cuando unos niños, escondidos en el jardín de una casa, comenzaron a jugar a la payana con las piedras negras del suelo. Cada vez que levantaban una, el aire se calentaba y se detenía el crecimiento de su planta. Entonces comprendieron su misión. Pronto formaron las tribus payaneras, que desde aquellos tiempos pueblan la impenetrable Amazonia para mantener en equilibrio el clima ecuatorial.

.

martes, 8 de junio de 2010

Nobleza Obliga

No tenía que afeitarse la cara. Todos decían que en aquel pueblo el poder de los hombres se notaba por el largo de su barba. Había quienes lucían barba de un mes, otros, largas hasta el pecho y algunos tan larga, que formaban túnicas que cubrían su cuerpo. Le gustaba la idea de no rasurarse más. Hasta que, pasada una semana, se topó con un hombre de rostro lampiño y como sintió pena por él, le preguntó: “¿No te preocupa lo que piensen de ti, por qué no te dejas crecer la barba?” a lo que el hombre contestó “Bienvenido forastero. Entre tantos míseros barbados, solo unos pocos han tenido la nobleza de preguntar. Quien se preocupa por sus semejantes posee sabiduría y eso le hace merecedor de conocer la verdad: el verdadero poder no se nota en el rostro sino en el corazón.” Mas tarde supo que había conocido a uno de los sabios del pueblo, a quienes la mayoría llamaba pobres.

.