Había aceptado cumplir el rol del muñeco aunque hacía mucho que no creía en cuentos de hadas. La paga era buena por dos horas de trabajo. Se trataba de una función de teatro para niños. Poca exigencia, además. Pero esa tarde, al subir al escenario había algo en el ambiente que lo inquietaba, aunque no podía precisar qué. Las luminarias convergían adecuadamente, los personajes ocupaban cada uno su lugar, el clima de la carpintería estaba bien logrado, todo parecía en orden. Hasta que vio a los niños. Miraban absortos hacia el techo de la tarima. Allí sobrevolaba un hada de vaporoso vestido y alas blancas. Pensó que los niños se asombraban al creer que el hada realmente podía volar. Eran inocentes después de todo. Pero cuando quiso decir sus líneas no pudo abrir la boca, tampoco pudo moverse. Estaba convirtiéndose en madera. El hada, a punto de desaparecer, le susurró: “Tengo que asegurarme de que los niños sigan creyendo en mí y ellos necesitan ver para creer: hoy realmente serás tu personaje”.
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27 comentarios:
Pavorosa esta temática. Siempre me dieron miedo, por separado, los muñecos y las conversiones. Ahora los veo juntos, ¡brrr!
Abrazos tímidos,
PABLO GONZ
Muy buen micro, Claudia, una idea inquietante. Sólo te haría una sugerencia. Tal vez la última frase rompa un poco la atmósfera, si lo terminas en "personaje" podría resultar más sugerente.
Un abrazo,
Elisa
Clau, es de lo más lindo qe he leído.... me encantó... será que me gustaron siempre las hadas... y el teatro y los niños... una conjunción perfecta...
No hay que dejar de creer, aunque se crezca, puede tener consecuencias... jaja
Muy bueno...!!!
Ups! Por mi casa ronda un hada de vaporoso vestido y alas blancas!
Mejor cierro mi bocota, aun hay gente que queremos seguir creyendo.
Totalmente de acuerdo Elisa. ¡Gracias por la sugerencia!
Me perdí la última frase, así queda muy bien. Todo para que los niños sigan creyendo...
Un saludo indio
A este pinocho le pasó un poco como a Sara, la esposa de Lot. Has dado muy bien la vuelta a la historia. A veces nos hacemos demasiado descreídos. Un abrazo, Claudia, como siempre, me encantó.
Redondo.
Un beso.
Si hay actores que se emborrachan para hacer de borrachos, bien puede un émulo de Pinoccio enmaderecerse, no?
Genial!
Aterradora imagen y esa sensación de no poder hacer nada para evitarlo.... aaaahhhh Saludillos
Muy bueno.
Espero que el papel fuera reversible.
Besos.
Muy bueno, pero causó un poco de siniestritud (se dice así??:::).
PD: no sé por qué recién dije "pero", porque la siniestritud o como se diga es tal vez una cualidad del Arte ("sobre lo siniestro"-Freud)
Me ha gustado mucho, Claudia. Hay un punto ahí entre la ternura de imaginar al hada entre los niños y la sensación de sentirse de madera muy interesante.
Saludos.
¿En qué momento dejamos de ser niños? ¿por qué los personajes fantásticos huyen con tanta frecuencia de las ficciones para adultos?
Con este cortito revertiste la rutina de que Pinocho, las hadas y las moralejas son para niños.
Gracias,
D.
A muchos que conozco debería pasarles algo así, para dejar de hacerle creer al mundo que son una cosa, cuando en realidad son otra...
Besotes.
Claudia, creo que este es uno de los mejores cuentos que te he leído. Está muy bien llevado, parece realista y termina desembocando en lo fantástico de manera estupenda. A mi modo de ver es un texto redondo, de esos que es tan difícil conseguir. Enhorabuena.
Saludos.
Las hadas es lo que tienen, son un poco suyas.
Blogsaludos
Disculpame Claudia si estoy monotemático con tus excelentes cortitos.
Lo lamento por Geppetto, que permanecerá con los deseos de tener un hijo que le haga compañía; lo lamento por los niños que ya no quedarán absortos ante los monólogos de Pinocho; pero ya era hora que apareciera un hada que convierta en madera para leña o aserrín a los personajes que con sus discursos mentirosos dejan ensimismados a los incrédulos ciudadanos.
La ventaja con Pinocho es que, cuando decía algún embuste le crecía la nariz, y uno se daba cuenta; pero cuántos de nuestros políticos mienten descaradamente con la mejor “cara de poker”, y nosotros les creemos a pie juntillas porque aún seguimos creyendo en “cuentos de hadas”!.
Por más que ellos tampoco crean en esas fábulas, ¿no habrá hadas para estos “actores” que hagan lo mismo?.
Besos.
Rik
Inquietante. Una vuelta de tuerca interesante a un tema clásico. Buen micro.
Un abrazo
Me hizo acordar a un capítulo de la Dimensión desconocida, en donde el muñeco del ventrílocuo tomaba via y sometía a su amo. Muy buen relato. Abrazo
Esto es una puñalada trapera-laboral en toda regla. La hada es una trepa, y además quiere todo el protagonismo para ella.
Te agrego, para tener tu blog, tan interesante, a mano.
Saludos.
Al menos a los niños no se les puede quitar la ilusión del hada que vuela.
Y que pinocho se quede quieto no esta nada mal, en realidad creo que ya tendrán tiempo de ver personajes de madera, aunque siempre espero que sean de buena madera.
Ilusa yo.
Besos linda!
Concuerco, es un cuento fantástico
Me encantó, creo en las hadas, en los embrujos...en la fantasía :) Un abrazo Claudia.
Espero que nunca me pase a mi actuando.
He quedado fascinada!!!!!precioso final ... la representacion magnífica pinocho vuelve a sus orígenes txapeldun, felicitaciones!!! lo has logrado
nivel 5 estrellas!!!!!! un abrazo Begoña
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