Las minificciones son larguísimas y complejas historias que no se ven, que se ocultan arteramente detrás de un puñado de palabras conocidas.
Páginas
Explicación Cortita
Lo característico de la minificción o microrrelato, es su capacidad para disparar sugerencias múltiples en la mente del lector. Para ello se vale de la ambigüedad y de modos oblicuos de expresión, como la ironía, que apuntan a que lo que parece ser no sea, o no se sepa con seguridad si es o no es. De ahí que la paradoja y la parodia sean tan frecuentes. También lo es el doble sentido, en cuyo caso se acerca peligrosamente al chiste. En este límite, el trabajo con las palabras es lo que determina la diferencia".
"Derecho, siempre delante de uno, no se puede ir muy lejos" El Principito
Estoy permitiéndome mirar en los altos del camino, a mis costados, y detenerme allí por un rato para avanzar con más seguridad. Y cada vez prosigo el camino con mas alegría. Como el alto de ayer, en que el frío de la noche no impidió que pudiera ver las miradas detrás de los nombres, unos más conocidos que otros, pero todos con el objetivo común de compartir un rato de la vida que, cada uno a su manera, refleja en su casa. Estuve con Steki, Estercita, Miralunas, Cecy, Magah y a los postres llegó Marcelo. La "caipirinha" nos quitó el frío del cuerpo, para que el calor del alma fluyera sin restricciones. Y me dormí pensando con cuánta fuerza late la vida ahí, al otro lado del monitor.
Hoy he decidido Ser. Ser quien los lee a ustedes, reales, tácitos o anónimos. Ser quien les deje una palabra o tal vez solo una mirada en sus propias casas. Ser quien los siga silenciosamente, aprendiendo con cada paso que dan.
Y también no Ser. No ser la obstinada que no logra expresar sus pensamientos con las palabras precisas. Ya pasó más de un año. Tiempo suficiente para dirimir el dilema.
Este es el último post del blog. Gracias a todos los que me acompañaron en esta aventura. Los sigo.
Ser o no ser... He ahí el dilema. ¿Qué es mejor para el alma, sufrir insultos de Fortuna, golpes, dardos, o levantarse en armas contra el océano del mal, y oponerse a él y que así cesen? Morir, dormir... nada más; y decir así que con un sueño damos fin a las llagas del corazón y a todos los males, herencia de la carne, y decir: ven, consumación, yo te deseo. Morir, dormir, dormir... ¡Soñar acaso! ¡Qué difícil! Pues en el sueño de la muerte ¿qué sueños sobrevendrán cuando, despojados de ataduras mortales, encontremos la paz? He ahí la razón por la que tan longeva llega a ser la desgracia. ¿Pues quién podrá soportar los azotes y las burlas del mundo, la injusticia del tirano, la afrenta del soberbio, la angustia del amor despreciado, la espera del juicio, la arrogancia del poderoso y la humillación que la virtud recibe de quien es indigno, cuando uno mismo tiene a su alcance el descanso en el filo desnudo del puñal? ¿Quién puede soportar tanto? ¿Gemir tanto? ¿Llevar de la vida una carga tan pesada? Nadie, si no fuera por ese algo tras la muerte —ese país por descubrir, de cuyos confines ningún viajero retorna— que confunde la voluntad, haciéndonos pacientes ante el infortunio antes que volar hacia un mal desconocido. La conciencia, así, hace a todos cobardes y, así, el natural color de la resolución se desvanece en tenues sombras del pensamiento. Así también enérgicas empresas, de trascendencia inmensa, a esa mirada torcieron rumbo, y sin acción murieron.
Me gustan –también- esas letras otoñales,tan exhaustiva y poéticamente detallistas, que hacen que las cosas más simplescobren una importancia antes ignorada.
Es como encontrarnos descubriendo el maren el incipiente desborde de una lágrima.
Esta semana estuve rodeada de búsquedas, de espejos, reflejos y cegueras. Y no puedo dejar de sentir que lo mas importante se me esconde. De los ojos, de la boca, de los dedos. Forma un torbellino dentro de mí, pero allí se queda, inasible, amurallado detrás de mis sentidos para que nada lo transforme. Tal vez para que yo nunca desista de mirar detrás de lo visible, de leer más allá de las líneas y de escuchar los latidos del silencio.
Sigo buscándome a la vuelta de mi misma, hurgando en cada recodo, debajo de cada rincón secreto, y aún, mirando de frente a esa conocida que me mira en el espejo. Y repaso cada línea de tiempo, todas las risas contenidas y las lágrimas vertidas y los ecos de las voces acalladas. Y no me encuentro. Mi única esperanza es aquella sombra lejana, apenas visible, que me observa acurrucada en lo profundo del silencio.
Minificciones.com.ar organiza un concurso permanente en su sitio, abierto a la comunidad, donde cada mes propone una imagen diferente como disparador para los participantes. Es un ejercicio divertido y un abre-mente para quienes compartimos la afición. Aquí, las de este mes.
Yo, Virus
“Y cuando los hombres desaparezcan, yo seguiré estando aquí”.
Génesis
En el principio era el virus y el virus estaba con dios y el virus era dios. Luego fue el hombre y el hombre estaba con dios. Y así murió.
La escritoraDolores M. Kochdefine muy bien cómo escribir minificciones (o micro-relatos o micro-cuentos), el género literario más reciente, complejo y experimental, en el que torpemente intento incursionar.
“Un micro-relato ha de tener algunas de las siguientes características (no necesariamente todas a la vez): hibridez genérica, desenlace ambivalente o elíptico, alusiones literarias (o bíblicas, míticas, históricas, etc.), rescate de fórmulas de escritura antigua (como fábulas o bestiarios) y la inserción de formatos nuevos, no literarios, de la tecnología y de los medios modernos de comunicación”.
Y me resulta muy motivador la utilización de imágenes como disparador para los relatos, que cuanto más cortos, mejor.
TRADICION
Se acercaba la hora de la segunda oración, cuando Sem les advirtió: "el tigre está en la biblioteca". A partir de entonces, todos los hombres fueron semitas.
Hace casi un año, tu ausencia aún dolía tanto, que necesité varias muletas para poder caminar. Hoy ese dolor se transformó en un dulce recuerdo teñido de nostalgias de otros tiempos. Y las muletas, ya son fantásticos espacios que encontraron su propio sendero. Hoy camino sola y sonrío. El primer paso para volver a empezar.
Si bien lo esperaba, me sorprendió su llegada. Tal vez por hacerlo a deshora y sigilosamente. Fue esta madrugada mientras dormía. Lo sentí escabullirse entre mis sábanas y trepar por mi cuerpo desde la punta de los pies. Fue muy cauteloso, no logró despertarme del todo. Hurgaba suavemente en cada pliegue de ropa que yo, adormilada, volvía a acomodar, como clara señal de que se fuera. No lo conseguí. Amanecí abrazada a mis piernas, hecha un ovillo, la piel erizada, el cobertor en el suelo.Me levanté de un salto, decidida y encendí la calefacción.El invierno finalmente llegó para quedarse.
Bueno, mis musas se rebelaron definitivamente. Me abandonaron. Tal vez es mi culpa, les exigía demasiado. Es que soy una enamorada de las palabras. Más de las escritas que de las pronunciadas. Y tal vez haya sido eso, que hay cosas que no pueden expresarse con palabras, porque de hacerlo, perderían su verdadero significado. Como mirada, como abrazo, como miedo, como felicidad.
Dicen que me preocupo mucho por las formas y descuido el fondo, donde ellas habitan. Es posible. Tendré que averiguarlo pronto, porque sin fondo la forma no aguanta.
No hay caso. No se puede elogiar a las musas. Enseguida se toman vacaciones y me dejan así, con el cerebro revuelto, los dedos haraganes, las ganas disipadas y la pantalla en blanco. Espero que regresen mientras ordeno un poco. .
Hace poco leí en algún lugar no literario: Cuántos hombres fueron importantes en tu vida? -Qué tontería, pensé, qué importancia tiene cuántos?! Pero sin darme cuenta me encontré sumando con los dedos. Quienes queriéndolo o no, hicieron hito. Para ellos mi agradecimiento.
A mi papá, que me mimó cuando aún no tenía uso de razón. Al profe Alberto, quien me dio parte de la seguridad que me faltaba en mi adolescencia. A Horacio, porque después de trabajar para alguien tan perverso, pude hacerlo en los lugares más difíciles. A Hernán, quien me enseñó los peligros del amor enfermo. A Mario, con quien aprendí a negociar con una sonrisa en los labios y hielo en la mirada. A Claudio, quien durante mucho tiempo fue amigo incondicional. A Gustavo, porque me amó y me dio un hijo. A Marcelo, por sus férreas convicciones y su inteligencia. A Ricardo, por su ayuda desinteresada. A Guillermo, experto en dibujar sonrisas.
Se escapó del escondite en que la resguardabas de los falsos amigos, por ese miedo kafkiano que te confunde y te pierde en intrincados laberintos, esos que terminan todos en el mismo lugar. Dice. Se escapó caminando descalza en la arena, el mar apenas rozando sus dedos, sus ojos controlando la tormenta por dentro y por fuera para que el rayo no la agarre desprevenida. Dice. Se escapó y llegó hasta aquí, para decir que no solo las brujas provocan sortilegios. También las noches de luna llena. .
No quiero que vuelvas. No quiero que vuelvas a acostarte en mi cama. Ya no es nuestra. No quiero que vuelvas a meterte en mis pensamientos, ni en mis sueños. Ya no te pertenecen. Apareciste en mi vida llenándolo todo con tu esencia. Te fuiste de la misma manera, llevándote todo, definitivamente. Sabías que en ese viaje no podría acompañarte
y así y todo decidiste irte.
Entonces… no vuelvas.
Quiero volver a ser la que era, antes de tu vida y de tu muerte. .
Se vistieron con la vergüenza de Adán y Eva después de probar la manzana. Ignorantes del mandato original, nunca supieron que habían conocido sus paraísos particulares, y partieron, cada uno por su lado, con la creencia de merecer el infierno.
El lobo no cesaba de adular al cuervo, para que éste soltara lo que traía en su pico. El cuervo pensaba en lo bien que había hecho en hacerle caso a la zorra, que lo hizo bajarse de la higuera y procurarse alimento. Solo esperaba que aquel lobo se diera cuenta de que él había leído todas las fábulas de Esopo y se alejara de una vez.
Tenía que lograrlo. Llevaba tiempo intentándolo infructuosamente. Había tenido varias caídas, pero cada vez, haciendo el orgullo a un lado, se había levantado. Estaba cansado. Le dolían las piernas, los brazos y el alma, pero no podía claudicar. No ahora. Había tenido tantos logros en los últimos tres años...! Había abandonado el chupete y los pañales. Comenzó jardín de infantes. Aprendió a silbar, a patear bien la pelota y a nadar. Hasta aprendió a escribir su nombre! Tenía que lograrlo. Mientras pensaba en todo esto, escuchó a los amigos aplaudiendo en la línea de llegada... se olvidó que lo estaban sosteniendo por detrás y, finalmente, él solo logró manejar su bici sin ruedas de apoyo. Otra victoria más para anotar en su cuaderno azul. .
Ayer te vi. Mis dedos se demoraban en la liquidez de tu imagen cuando tu voz me arrancó de las garras del olvido y me llevó a cada uno de los rincones de mi sueño, donde tus ramas fornidas me abrazan fuertemente a tu tronco hasta que mi alma traspasa tu corteza y se funde en la dulce savia de tu boca que me recorre y me llena y nos eleva así, unidos en esta espiral infinita de placer que gira sin cesar, hasta que tú y yo, uno en nosotros, el cuerpo tenso, las manos entrelazadas y anhelantes, tocamos, final y gozosamente, el borde luminoso de los cielos. .