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Explicación Cortita

Lo característico de la minificción o microrrelato, es su capacidad para disparar sugerencias múltiples en la mente del lector. Para ello se vale de la ambigüedad y de modos oblicuos de expresión, como la ironía, que apuntan a que lo que parece ser no sea, o no se sepa con seguridad si es o no es. De ahí que la paradoja y la parodia sean tan frecuentes. También lo es el doble sentido, en cuyo caso se acerca peligrosamente al chiste. En este límite, el trabajo con las palabras es lo que determina la diferencia".

Raúl Brasca.

sábado, 30 de octubre de 2010

Practicante

¿Para esto me trajiste a Haití? ¿A vos te parece lógico hacer semejante viaje para que yo me pase la mayor parte del día encerrada? Es lo que yo digo, siempre fuiste un egoísta. ¡Y yo que pensé que sería una segunda luna de miel! De hiel será!. Encima ese desayuno exótico que me ataca al hígado… no tenés consideración vos… no es justo que te pases todas las mañanas en lo de ese sacerdote, orixá o como se llame. Podríamos aprovechar la playa, pero no, el señor tiene que practicar... ¡para lucirse con sus amigotes seguro! y mirame cuando te hablo ¿ves como me hacés poner nerviosa? Mirá, hasta se me cierra la garganta de los nervios… y date vuelta, dejá de jugar con ese trapo y … agghh... no puedo… agghhh... resp… aggghhh… porf… agghh!

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miércoles, 27 de octubre de 2010

Realidad pura y dura

Hoy la realidad se me impuso de manera aplastante y la ficción quedó relegada detrás del negro crespón de la razón.
Hoy la muerte volvió a poner a prueba a unos hombros femeninos y no puedo evitar sentir el antiguo dolor sobre los propios.
Hoy la mujer que lleva las riendas de este país perdió a su apoyo mayor, a su compañero de toda la vida, a quien le enseñó a ser presidente con el ejemplo.
Tiempos difíciles se avecinan para todos. En este momento solo me surge un ruego: claridad mental para todos mis compatriotas, hombres y mujeres de buena voluntad, para que realmente sean eternos los laureles que supimos conseguir.

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sábado, 23 de octubre de 2010

Trabajo Temporario

Llevaba horas en la misma posición, sentado en una reposera, mirando a la maniquí que lucía un traje de baño de diseñador. Al mediodía concluyó que estaba loco por haber aceptado ese trabajo. Estaba por levantarse cuando la muñeca le guiñó un ojo. Atónito, pensó que la inmovilidad lo estaba enloqueciendo: “No te vayas lindo, estoy muy sola aquí”.
- Pero… ¿sos real?
- Tanto como vos. Cuando se vayan todos, verás cuán real soy.
Una nueva emoción se había apoderado de él. Permaneció inmóvil lo que quedaba de tarde absorto en los ojos femeninos, atento a cada gesto de su boca, cada latido en su pecho. Admiraba su actuación. A la mañana siguiente la vendedora tuvo que denunciar un extraño robo: el dinero de la caja chica, la maniquí del costoso traje de baño y toda la ropa del maniquí que encadenaron a la vidriera con reposera y todo.

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lunes, 18 de octubre de 2010

Función

Había aceptado cumplir el rol del muñeco aunque hacía mucho que no creía en cuentos de hadas. La paga era buena por dos horas de trabajo. Se trataba de una función de teatro para niños. Poca exigencia, además. Pero esa tarde, al subir al escenario había algo en el ambiente que lo inquietaba, aunque no podía precisar qué. Las luminarias convergían adecuadamente, los personajes ocupaban cada uno su lugar, el clima de la carpintería estaba bien logrado, todo parecía en orden. Hasta que vio a los niños. Miraban absortos hacia el techo de la tarima. Allí sobrevolaba un hada de vaporoso vestido y alas blancas. Pensó que los niños se asombraban al creer que el hada realmente podía volar. Eran inocentes después de todo. Pero cuando quiso decir sus líneas no pudo abrir la boca, tampoco pudo moverse. Estaba convirtiéndose en madera. El hada, a punto de desaparecer, le susurró: “Tengo que asegurarme de que los niños sigan creyendo en mí y ellos necesitan ver para creer: hoy realmente serás tu personaje”.

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jueves, 14 de octubre de 2010

Cacería


Habíamos sido contratados por un grupo de élite que prefirió permanecer en el anonimato. La consigna era clara. Teníamos que liquidar a ese animal sin levantar sospechas y sin asustar a las criaturas del lugar. Nos organizamos en grupos de tres, apuntándole desde una distancia prudencial. Las armas de desintegración eran muy potentes. Para disimular el estruendo que producirían, acordamos dispararle al unísono en el momento en que el avión de la mañana volara sobre nosotros. La misión tuvo un éxito rotundo. A las diez y cuarenta de aquel viernes, el dinosaurio finalmente desapareció.

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domingo, 10 de octubre de 2010

Esencial


Escudriñaba su esencia en el fondo de la pupila reflejada en el espejo, cuando una voz de niña, muy lejana, le susurró una frase del Principito. Decepcionada, se puso sus lentes de sol, tomó su carterita y volvió a la calle, a trabajar.

Aquí en gallego

domingo, 3 de octubre de 2010

Ana de los Gatos


Ana de los Gatos. Así la llamaban en el barrio. Así la conocieron en todo el mundo. Nieta e hija de veterinarios, ella no necesitaba serlo para proteger a los animales más que a su propia vida. El día de su entierro, detrás de las únicas dos vecinas que acompañaban el féretro, se formó una larguísima fila de animales de las más diversas especies, pero sobre todo, gatos. Numerosas familias de gatos se sumaban a la caravana a cada paso. Los abuelos aún recuerdan los maullidos lastimeros que enloquecieron a la ciudad durante la media hora que duró el entierro. Hubo madres que salían a la calle desesperadas, temiendo que algo catastrófico estuviera provocando esos llantos de criaturas. Cuando todo acabó, una tristeza inmensa invadió la ciudad. En medio de un nuevo silencio, notaron que no había animales en ningún lado. Ni hormigas trabajando, ni pájaros volando, ni perros ladrando. Tan insoportable era esa tristeza que uno a uno, todos los habitantes de la ciudad, se dieron cita en el cementerio, donde los animales velaban la tumba de Ana. Cuando el último de los ancianos presentó sus respetos frente a la lápida, los animales retornaron a sus vidas, marcando para siempre en el calendario local el día en que Ana de los Gatos murió.


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