Páginas

Explicación Cortita

Lo característico de la minificción o microrrelato, es su capacidad para disparar sugerencias múltiples en la mente del lector. Para ello se vale de la ambigüedad y de modos oblicuos de expresión, como la ironía, que apuntan a que lo que parece ser no sea, o no se sepa con seguridad si es o no es. De ahí que la paradoja y la parodia sean tan frecuentes. También lo es el doble sentido, en cuyo caso se acerca peligrosamente al chiste. En este límite, el trabajo con las palabras es lo que determina la diferencia".

Raúl Brasca.

jueves, 2 de octubre de 2008

Mirada

Mirame, por favor. Dejame mirarte a los ojos. Ahora. Así.
Quiero que veas como lo profundo de tu amor me llena de placer
antes de quitarme la razón.
No, no me digas nada… dejame sentirte así, latiendo dentro de mí,
acariciándome las entrañas con tu forma tan suave y a la vez tan firme.

Ves? ya viene, ya el fuego da paso a la locura, ya no responderé por mí,
pronto ya no podré mirarte… ya no me pertenezco…
el rayo empieza a recorrer mi columna y cada poro de mi piel,
sin que pueda controlarlo, tensando mis músculos para retenerte,
hasta que estalla en mi boca en un callado grito ancestral,
con la fuerza que me eleva desde este infierno
hasta el mismísimo cielo del placer.

Cuánto dura este instante? 30 segundos, 40, 60?
Y luego las lágrimas y las risas y el abrazo cálido que nos hace dormir,
felices de habernos encontrado una vez más
en el profundo infinito de la mirada.
.

13 comentarios:

TOROSALVAJE dijo...

:O

OHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!

Hoy te doctoraste cum laude.

MI APLAUSO ENTUSIASTA

Besos.

Minombresabeahierba dijo...

maravillosa descripción sensorial: "pronto ya no podré mirarte… ya no me pertenezco…
el rayo empieza a recorrer mi columna", se palpa profundamente, se pierde misteriosamente, se goza infinitamente. besos

moderato_Dos_josef dijo...

El poder de la mirada, o mejor dicho, la fuerza de la mirada es nuestro poder, para amar para desear, para querer y para hacer el mal...aunque jamás lo desee...Un saludo!

Juan dijo...

La mirada
la empatía
la amistad
el amor
las palabras
intensas
inmensas
sublimes.

El tiempo
no se puede calcular
sino la intensidad
del sentimiento.
quedará eternamente.


Gracias, Claudia, por compartir tan deliciosos relatos.

Un abrazo.

Juan Antonio

Steki dijo...

Amiga... PLOP!
Me he quedado totalmente admirada con tu poesía!
Me encantó!
Ahora sí que podemos mirarnos a los ojos cuando no estamos, eh!
Qué bueno que estoy el martes alláaaaaaaa!
Qué panzada nos daremos de hablar y hablar y reír y llorar!
Ya falta poco.
Ci vediamo dopo.
BACI, STEKI.

Guillermo Iglesias dijo...

Sé que no pago tu cuento, pero éste me dijeron que es bueno y lo publicaron premiado en La Maga. Ojalá encontrara otra forma de agradecerte.


LA PENSION




Contame una historia donde él acaba de cumplir veinticuatro y ya hace diez que trabaja en la construcción. Una donde lo contrató un tal Corradini porque sabe que trabaja duro y no mira el reloj.
A él ponele un nombre que apenas suene, algo neutro incapaz de concitar una imagen que perturbe mi propia idea: Un tipo que todavía se asombra, sobre todo con los ojos, tiene manos grandes que lo incomodan un poco cuando no está trabajando. Dale algún color de esos que se mimetizan con todo el espectro, tierra sombra o siena tostado y, si es invierno, algún pudoroso azul en el abrigo que le queda chico.
Me parece que tiene que ser invierno, así cuando entra a la pensión que le recomendó Corradini, lo desazona una tibieza que huele a querosén y entonces vacila, pero ni se entera que es porque ese olor y ese calor tienen que ver con su infancia, apurada en alguna provincia. Que al final se decida y pague por adelantado sin preguntar nada. La pensión es limpia y, por favor, sin malvones. En la pieza hay una cama de hierro un poco corta; un ropero de dos puertas y una mesa con mantel y todo. Hay un calentador.
-Para el mate -le dice la mujer, que piensa en algún guiso improvisado. No sabe que para él la orden es terminante.
Ahora que se quede solo en la pieza y no tantee el colchón, que abra el bolso y saque con cuidado la ropa, incluso una camisa sin estrenar; todavía envuelta en celofán que cruje. El equipo de mate en una caja de metal y nada mas, para no agigantar el bolso.
Que se instale con algún gesto meticuloso que delate su costumbre de estar solo; dejalo ahí, calentando el agua que sacó de la canilla del baño. El mate preparado.
Ahora mostrame la pensión desde arriba para que yo vea que del otro lado del tabique, donde está la cama, hay otra. Y que esos diez centímetros de mampostería son una frontera ínfima y ambigua, que las separa y al mismo tiempo las une. De hierro la de él, todavía intacta, y la otra también de hierro, pero con alguna blandura de flores pálidas en el cubrecamas y quizá otro detalle mínimo (pero definitivo) como una hebilla.
Dejame ahí arriba, abismado, convertido en un dios impaciente, esperando que ya estén los dos, acostados pero despiertos; separados pero juntos.
Hablame del frío y de la cal. Decime que a ella el frío le marca los pezones en la remera que se puso para dormir y a él la cal le parte las manos. No digas más. El se acuesta sintiendo sus palmas hambrientas de suavidad y ella se demora en el espejo, los pechos ávidos de calor y el gesto detenido porque acaba de oír un gemido metálico al otro lado del tabique. Con eso es suficiente: ella va a terminar de cepillarse el pelo y cuando deje caer el cepillo, él va a mirar el tabique por primera vez y hasta quizá lo toque con el dorso de la mano.
Ahora contame cómo va elaborándose ese diálogo secreto, ese código de golpecitos y de toses. Cómo en la noche sin luna el chasquido de un fósforo y el roce de unos dedos, inventan un idioma que pone en fuga la soledad y aniquila el frío.
Mañana ella va a atreverse a una pizca de carmín y él va a desgarrar el celofán sin pesadumbre.
Que duerman. Pero contame que los dos siguen atentos, para que las pesadillas fracasen. Los dos vueltos hacia el tabique cada vez más delgado.
Que duerman, sí.
Y que la palabra amor ni figure, de puro innecesaria.




GUILLERMO IGLESIAS.

Daniel Os dijo...

…Caluroso relato!
Me tuve que aflojar el cuello de la camisa y abanicarme con el diario para terminar de leerlo.

(Y usted mocoso, ¿que hace acá? ¿no ve que este blog es para adultos? ¡váyase a su pieza!

India dijo...

Que precioso "cortito", te felicito Clau
Hasta la elección de la canción, perfecta como siempre.

SUBLIME.
Besos
India

Adriana Lara dijo...

bueno, bueno, bueno. Esto sí es diferente.

Anónimo dijo...

Felicitaciones por su nuevo espacio, estimada Claudia.

Aunque parece que llegué en mal momento... por lo ocupada que la encuentro, digo. Disculpe Ud. mi intromisión....es que vi la puerta abierta.

Edmundo

Anónimo dijo...

Hola Claudia!
No se que pasó te estaba escribiendo y no se donde fue mi comentario!
Bueno en fín te decia que por loq ue describis ( la mirada. el encuentro, la piel) se nota que hay amor ahí no?!!!
No se si te llegara este comentario porque es distinto a mi canal ! ( y no se usarlo bien por lo visto!)
Gracias x visitarme
Un beso grande, aNILA

Anónimo dijo...

Claudia: Gracias!!! es buenísimo

Ania dijo...

Hola Claudia!!! jua ja!
sería bueno no!!!
como me dejaste en el mensaje encontrar a Kevin en la entrevista!!!
Espero que te haya llegado mi comentario!

Está buenísima esta música!!!
UN beso